Un hombre que había dedicado la mayor parte de su vida a estudiar y a formarse como un gran profesional, tenía títulos de postgrados, doctorados, máster en administración y una infinidad de seminarios y cursos en el exterior… se presentó a entrevista en una gran multinacional… después de varias pruebas sólo habían quedado dos personas, el hombre se sentó junto al joven también aspirante al puesto al cual le preguntó con un tono bastante irónico: “¿y tú qué títulos posees?”, el joven le respondió, señor hace apenas unos meses que me gradué de la facultad de administración”… el hombre le preguntó de nuevo con una sonrisa burlona: “¿sabes de qué se trata el trabajo?”… y el joven le respondió: “sí señor, el cargo será el de gerente de producción, quien sea el escogido, tendrá el manejo de todo el departamento a nivel internacional… éste departamento es la base de la organización, de él depende todo el ingreso de dinero a esta multinacional y este hombre sería el responsable de mantener viva y a flote esta gran empresa, sólo se entenderá con los socios y les reportará sus logros cada mes en una reunión en el exterior… como de su desempeño depende el futuro de la compañía, también depende el de los trabajadores de la misma y tendrá que utilizar su gran habilidad para crear nuevos productos que le den diversidad a la compañía”.

El hombre quedó asombrado por toda la información que el joven le dio y éste se puso a pensar: “hum… que tal que yo no pueda cumplir con los objetivos de la empresa, y que por culpa de la baja producción, la compañía quiebre y tengan que liquidar a todos sus empleados… se me vienen todos los socios encima y saldría en los periódicos y noticieros lo de mi contundente fracaso… no, yo no puedo permitir que mi imagen quede manchada, ¿de qué servirían mis títulos, mi posición social?”.
Cuando salió el encargado de realizar la entrevista le dijo al joven: “por sólo un punto ocupaste el segundo puesto, pero sólo necesitamos una persona, será en otra ocasión”… y dirigiéndose al hombre le dijo: “usted ocupó el primer lugar, el puesto es suyo”… el hombre le dijo: “Disculpe caballero, yo me he quemado las pestañas estudiando mucho para venir y fracasar en esta compañía… yo ya no quiero el puesto”, dio media vuelta y se fue. Lógicamente el puesto fue para el joven.
¿Cuántas veces preferimos perder una gran oportunidad por el sólo hecho de pensar que vamos a fracasar?... ¿cuántas veces no nos arriesgamos a hacer lo que sabemos y para lo que estamos preparados, sólo por el miedo al qué dirán? Como reza el famoso proverbio chino: "El fracaso más grande es nunca haberlo intentado".

El hombre quedó asombrado por toda la información que el joven le dio y éste se puso a pensar: “hum… que tal que yo no pueda cumplir con los objetivos de la empresa, y que por culpa de la baja producción, la compañía quiebre y tengan que liquidar a todos sus empleados… se me vienen todos los socios encima y saldría en los periódicos y noticieros lo de mi contundente fracaso… no, yo no puedo permitir que mi imagen quede manchada, ¿de qué servirían mis títulos, mi posición social?”.
Cuando salió el encargado de realizar la entrevista le dijo al joven: “por sólo un punto ocupaste el segundo puesto, pero sólo necesitamos una persona, será en otra ocasión”… y dirigiéndose al hombre le dijo: “usted ocupó el primer lugar, el puesto es suyo”… el hombre le dijo: “Disculpe caballero, yo me he quemado las pestañas estudiando mucho para venir y fracasar en esta compañía… yo ya no quiero el puesto”, dio media vuelta y se fue. Lógicamente el puesto fue para el joven.
¿Cuántas veces preferimos perder una gran oportunidad por el sólo hecho de pensar que vamos a fracasar?... ¿cuántas veces no nos arriesgamos a hacer lo que sabemos y para lo que estamos preparados, sólo por el miedo al qué dirán? Como reza el famoso proverbio chino: "El fracaso más grande es nunca haberlo intentado".
Autor
Leo Castro
Escritor, Conferencista, Consultor y Motivador profesional
Leo Castro
Escritor, Conferencista, Consultor y Motivador profesional